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M. BRUCH: Ocho piezas Op. 83

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MAX BRUCH (1838-1920)Aparte de su carácter de homenaje a la forma clásica, en algún caso muy avanzado (en la pieza nº 1, marcado Andante) y su complacencia a los imperativos del romanticismo tardío, las Ocho Piezas (1908/09) de Max Bruch nos impresionan a la primera escucha como obras cuyas formas y instrumentación, se refieren abiertamente a Mozart y Schumann, volviéndose cara al pasado. Por un lado, las piezas 1 a 6, están concebidas en dos o tres partes, y de otra parte los dos últimos movimientos en forma sonata (esta forma está llegando históricamente a su final) nos devuelven, por decirlo así, la imagen de dos piedras angulares de un desarrollo más que secular. Con todo, el espejo en el cual se reflejan – la armonía cromática y expresiva – es resultante de los tiempos modernos. La historia de la música se condensa así en ocho pequeñas piezas, que se mueven en la superficie de un, en todo caso, reciente pasado.

  • Extracto del libreto del CD EMI CDC 49736 2

 
Paul Meyer, clarinete
Gérard Caussé, viola
François-René Duchâble, piano
 
 

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J. Brahms: Sonata Nº 3, Op. 108 (Audio)

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David Oistrakh, violín
Sviatoslav Richter, piano
 


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J. Brahms: Sonata Nº 3, Op. 108 (Estudio)

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JOHANNES BRAHMS (1833-1897)Esbozada a partir de 1886 y acabada durante el verano de 1888, a orillas del lago Thun (el último verano de Brahms en este paraje helvético apacible y acogedor), la Tercera Sonata para violín y piano, dedicada por el compositor a su amigo Hans von Bülow, está escrita con otra tinta que las dos precedentes. Brahms ha alcanzado los cincuenta y cinco años, algo más que la madurez: “la vejez se acerca con sigilo” (José Bruyr), el tiempo tormentoso y de confidencias han pasado. Pero no así el de una inspiración más soberanamente derramada en un lirismo sin trabas y tanto más imperceptiblemente dominada. Como subrayó Claude Rostand, “el material temático es aquí particularmente rico. Esta partitura no ofrece desarrollos cotrapuntísticos y sinfónicos tan rigurosos como era su costumbre, sino que fluye en total libertad”. A diferencia de las otras dos sonatas, presenta cuatro movimientos; y el segundo -Adagio- constituye, ciertamente, la más emocionante de esta obra pujante, caprichosa y brillante a la vez, una de las más significativas de la gran “manera” brahmsiana y de toda la música de cámara del compositor.
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